La RAAC en La Carlota y la exigencia de pasar del esfuerzo institucional al compromiso comunitario.
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Por: Ricardo Horacio Valle
Cada mañana, cuando abrimos el micrófono de Sin Comentarios, repetimos una máxima que es compromiso de vida: «Por la palabra nos revelamos y se nos pedirá cuenta de ella». Hoy, la realidad nos obliga a revelar una de las problemáticas más complejas, silenciosas y desgarradoras que atraviesa el tejido social de nuestra Punta del Sauce: el consumo problemático de sustancias y la urgente necesidad de una contención real, sostenida y colectiva.
En una entrevista profunda en nuestros estudios, las licenciadas Carolina Poggio y Yael Hid, profesionales a cargo del equipo técnico de la Red Asistencial de las Adicciones de Córdoba (RAAC) La Carlota, desnudaron la mecánica de su labor diaria. El diálogo dejó al descubierto una colisión de mundos: la impecable arquitectura teórica de un sistema provincial frente a la cruda limitación del tiempo físico para abordar una demanda comunitaria que no para de crecer.
Para comprender la magnitud del desafío, es necesario analizar minuciosamente qué es la RAAC. Diseñada por el Gobierno de la Provincia de Córdoba, se trata de un sistema público, gratuito e integral distribuido en más de 130 centros en todo el territorio provincial. Su andamiaje técnico se organiza en cuatro niveles de complejidad progresiva:
Nivel 1 (Preventivo): Centrado exclusivamente en la promoción de la salud y la prevención primaria. Es el espacio del primer contacto, diseñado para la escucha activa y programas de acompañamiento territorial en barrios y localidades.
Nivel 2 (Asistencial Básico): El primer umbral clínico. Aquí se realizan los procesos de admisión, diagnósticos tempranos y se ejecutan los tratamientos ambulatorios iniciales.
Nivel 3 (Asistencial Intensivo): Un espacio de mayor densidad psicoterapéutica. Incluye abordajes individuales y grupales complejos, atención psicológica focalizada, psiquiatría y, fundamentalmente, el apoyo y contención a las familias de los afectados.
Nivel 4 (Máxima Complejidad): El último eslabón de la red, reservado para cuadros agudos que requieren internación clínica de urgencia o la derivación a centros de día especializados para la estabilización y rehabilitación integral del paciente.

En La Carlota, el dispositivo funciona como un canal vital de contención. Sin embargo, la meticulosidad periodística nos obliga a colocar este diseño en la Balanza de la Decencia y contrastarlo con las matemáticas del territorio.
El nudo gordiano del problema saltó a la luz durante la entrevista. El dispositivo local cuenta con profesionales altamente capacitadas y un compromiso técnico intachable; sin embargo, el espacio formal de atención está acotado a dos horas diarias durante cuatro días a la semana. En total, apenas 8 horas semanales de consultorio formal para abordar una problemática que no conoce de horarios, feriados ni cronómetros administrativos.
Aquí es donde el periodismo debe abandonar la cómoda lectura del parte oficial para zambullirse en la opinión y la propuesta reflexiva. Es humanamente imposible que dos profesionales, por más idóneas y entregadas que sean a su vocación, absorban la marea de una demanda social que golpea a familias enteras en cada rincón de la ciudad. Pretender que un flagelo de esta magnitud se solucione únicamente dentro de los márgenes de esas 8 horas semanales es un ejercicio de peligrosa ingenuidad colectiva.
Ante esta encrucijada, desde Sin Comentarios planteamos un interrogante que busca sacudir el sentimiento social: ¿Es posible capitalizar la valiosa experiencia de las licenciadas Poggio e Hid para formar, capacitar y vertebrar una red de voluntarios e instituciones intermedias en La Carlota?.
La respuesta debe ser un rotundo sí. Las profesionales no pueden multiplicarse físicamente en el consultorio, pero sí pueden convertirse en las formadoras de formadores. La Carlota necesita con urgencia que sus clubes deportivos, sus escuelas, sus centros vecinales, sus iglesias y sus organizaciones civiles reciban la capacitación técnica de la RAAC para transformarse en antenas de detección temprana y espacios de primera escucha.
Si logramos que un técnico de fútbol infantil, una docente de secundaria o un líder barrial posean las herramientas básicas para identificar una situación de vulnerabilidad y sepan con precisión milimétrica cómo y hacia dónde derivar, habremos transformado esas 8 horas de consultorio en una red de contención comunitaria las 24 horas del día.
Tal como reflexionábamos junto al Padre Basso tras la maratón de fe marianas: el verdadero sentido de un pueblo se descubre cuando aprendemos a «caminar juntos, como hermanos, más allá de los favores individuales». La lucha contra las adicciones es la máxima prueba de fuego para esta premisa.
No podemos seguir mirando para el costado o asumiendo el rol de meros espectadores que exigen soluciones mágicas al Estado o a dos profesionales de la salud. El sufrimiento de un joven atrapado en el consumo problemático vulnera la dignidad de toda la Punta del Sauce.
Es hora de romper el velo de la indiferencia. Convocamos formalmente a las fuerzas vivas de la ciudad, al ejecutivo municipal y a cada vecino con voluntad de servicio a involucrarse. El flagelo es inmenso, pero el corazón de nuestra comunidad histórica es más grande.
Sanar el tejido social de La Carlota no es tarea de un consultorio; es el deber ético de un pueblo unificado que decide, de una vez por todas, que acá nadie se queda atrás.
