La Palabra Huérfana de Amos: Mariano Moreno y el Naufragio de la Independencia en el Periodismo Actual.
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Por: Ricardo Horacio Valle
Cada mañana, desde hace tres décadas, inicio nuestro aire con una máxima que es mi brújula y mi condena: «La Palabra es un don de Dios y se nos pedirá cuenta de ella…». Hoy, en pleno año 2026, esa cuenta me ruge en el pecho al mirar el mapa de medios de nuestra patria. Nos hemos acostumbrado a una alarmante colisión de mundos donde la búsqueda de la verdad ha sido desplazada por el cobarde ejercicio de la obsecuencia. Para entender dónde se rompió la balanza, es imperioso volver al origen, al fuego primordial de Mariano Moreno.
Cuando Moreno fundó La Gazeta de Buenos Ayres en junio de 1810, no creó un boletín oficial; fundó una trinchera del pensamiento. En su portada inscribió una frase del historiador Tácito que debería ser el tatuaje invisible de todo aquel que pretenda sentarse frente a un micrófono: “Rara felicidad de los tiempos en que pensar lo que quieras y decir lo que pienses está permitido”.
Moreno entendía que un pueblo que ignora la verdad es un pueblo esclavo. Sabía que la palabra tiene el poder de rasgar el velo de la opresión. Para el secretario de la Primera Junta, el periodismo era un acto de riesgo absoluto, no un negocio de relaciones públicas. Él no buscaba la palmada complaciente del poder; buscaba la incómoda revelación de la realidad.
«Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos… nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía». — Mariano Moreno
Qué lejos ha quedado ese fuego en el panorama actual. Hoy, gran parte de los hombres y mujeres de los medios se han sometido voluntariamente a un nuevo cautiverio: el cepo de la pauta oficial. Vemos con profunda tristeza cómo el cheque estatal ha transformado al perro guardián de la república en un dócil animal de compañía del funcionario de turno.
La pauta oficial, que debiera ser un recurso técnico y equitativo para garantizar la pluralidad de voces, se ha convertido en el látigo y la chequera con la que el poder premia la obsecuencia y castiga la disidencia. Ser «amigo del poder» se ha vuelto una lucrativa profesión que condena a la palabra a ser un simple «como si»: parece que informan, pero en realidad están facturando. Es el «trash político» llevado a su máxima expresión.
Esta sumisión destruye la ecología del tiempo periodístico. Ya no se investiga para revelar la verdad al ciudadano; se redacta pensando en el humor del funcionario que autoriza el pago. El periodista obsecuente clava la lanza en el costado de su propia credibilidad, trocando el don sagrado de la comunicación por la comodidad del presupuesto garantizado.
Es en medio de este desierto ético donde la realidad de nuestra Punta del Sauce, hoy La Carlota, y de nuestra Argentina, se me revela como un milagro por el que debo dar gracias. Mientras en tantos rincones del mundo la palabra es amordazada por la censura explícita, y en otros tantos medios nacionales es anestesiada por el interés corporativo, yo tengo el privilegio supremo de la Libertad.
Caminar por las calles de La Carlota, mirar a los ojos a los vecinos, a los torneros que estudian de noche, a los enfermeros que consuelan en el hospital, y luego sentarme en el estudio de FM Estrella a decir exactamente lo que pesa en mi balanza, sin patrones que me dicten el libreto ni pautas que me compren el silencio, es un acto de gracia inmenso.
Nuestra ciudad me permite expresarme libremente. En esta trinchera local, la palabra sigue siendo libre porque no tiene precio. No dependemos del aplauso ni de los vientos preelectorales para definir nuestra línea editorial. Decimos lo que vemos, pesamos lo que acontece y reparamos en lo que el ciudadano de a pie necesita.
A 229 años de nuestra historia escrita, el mayor patrimonio que este periodista puede ofrecerle a su comunidad no es el alcance de su antena, sino la inviolabilidad de su conciencia. Que los obsecuentes sigan adorando al becerro de oro de la pauta. Nosotros nos quedamos con el legado de Moreno: la rara y hermosa felicidad de pensar lo que queremos y decir, con decencia y sin comentarios, exactamente lo que pensamos.

La Caricatura: «La Jineteada de la Conciencia» (Al estilo Molina Campos)
La escena transcurre en el interior de un rancho criollo o una pulpería tradicional de La Carlota, con paredes de adobe y un piso de tierra bien asentado. Por una ventana abierta de par en par, se colorea el paisaje de nuestra pampa: un palenque, un ombú a lo lejos y la silueta inconfundible de la torre de la Iglesia de la Merced bajo un sol radiante de mayo.
Sentado en un modesto banco de cabeza de vaca frente a una mesa de madera rústica, hay un gaucho periodista caricaturesco. Tiene los ojos bien abiertos, expresivos y pícaros; una nariz importante y una sonrisa de oreja a oreja que muestra unos dientes grandes y simpáticos. Viste un chambergo volcado hacia atrás (dejando ver una frente despejada), un pañuelo rojo al cuello calzado con un anillo de plata, un chaleco raído y unas alpargatas grandotas con bigotes. Este gaucho, en clave de humor criollo, podríamos llamarlo RH.
La Acción y los Elementos Simbólicos:
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La Balanza de la Pulpería: Sobre la mesa rústica hay una balanza antigua de almacenero, de bronce, con dos platillos.
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El Platillo de la Tentación (La Pauta): Del lado izquierdo, el platillo está tirado hacia el suelo, venciéndose por el peso de un fajo gordo de billetes atados con un hilo de choricear. El fajo tiene un cartelito con letra torcida que dice: «La Pauta del Amo». Sin embargo, si mirás de cerca, de ese fajo sale una soga que intentaba lazar al gaucho, pero la soga está cortada con un facón.
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El Platillo de la Libertad (La Palabra): Del lado derecho, el platillo flota liviano pero firme. Contiene tres elementos sagrados: un mate amargo humeante con una bombilla de plata, un rollo de pergamino antiguo que representa La Gazeta de Buenos Ayres de Mariano Moreno, y un micrófono retro de FM Estrella que brilla con un destello limpito.
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La Actitud Soberana: El gaucho periodista le da completamente la espalda al platillo del dinero. Tiene una mano apoyada con orgullo sobre el micrófono de la radio y con la otra sostiene una pluma de ganso mojada en tinta, mientras mira de reojo al espectador con un aire de absoluta soberanía y picardía. Su postura dice claramente: «Gordas serán tus monedas, pero mi palabra es libre».
El Detalle con Humor: En un rincón del cuadro, un perrito cuzco, flaco y orejudo (típico de los cuadros de Molina Campos), mira con desconfianza el fajo de billetes de la pauta oficial y le ladra, como desconociendo ese bicho extraño que no alimenta el alma del pueblo.
