Acción de Gracias.
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El vicario general de la diócesis y referente espiritual surgido de nuestra comunidad repasó su trayectoria en «Sin Comentarios» por FM Estrella. Se prepara una misa de Acción de Gracias en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced para celebrar sus 25 años de ordenación.
LA CARLOTA. El próximo martes 1 de septiembre a las 19:30 horas, la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de nuestra ciudad se vestirá de fiesta para celebrar una misa de Acción de Gracias muy especial. Se cumplen 25 años de la ordenación sacerdotal del Padre Juan Carlos Giordano, un acontecimiento que moviliza la fe de toda la comunidad carlotense. En una emotiva y profunda charla mantenida en el programa radial Sin Comentarios, conducido por Ricardo Valle y Francisco «Paco» Huguet, el sacerdote repasó un cuarto de siglo de servicio pastoral, sus misiones en el sur argentino, las complejidades de la Iglesia actual y sus íntimos recuerdos de infancia en La Carlota.
Al recordar aquel lluvioso primero de septiembre de 2001 en el que fue ordenado, el Padre Giordano expresó vivir este aniversario con una profunda gratitud a Dios: «La vocación sí es una respuesta nuestra, pero sobre todo es un llamado, una iniciativa de Dios».
Para Giordano, este camino de fe comenzó a delinearse en las calles de La Carlota, donde se formó en la fe gracias a la catequesis, la escuela de hermanas y el recordado acompañamiento del Padre Tardío. El reencuentro posterior con Tardío en el Seminario de Río Cuarto —esta vez como rector— consolidaría su formación académica y espiritual, completando casi diez años de preparación antes de asumir formalmente el ministerio.
La decisión de abrazar el celibato y el sacerdocio siendo el único joven carlotense de su camada no estuvo exenta de desafíos. Giordano confesó que en sus primeros años de seminario le costó lidiar con la mirada y las altas expectativas de la comunidad local. No obstante, el apoyo de sus compañeros seminaristas y la confirmación interna obtenida el día de su primera misa en La Carlota —donde sintió la convicción de haber nacido para ello— disiparon los temores iniciales. «Llevamos un tesoro en vasijas de barro; me siento de barro, pero invitado a entregarme más y mejor», reflexionó apelando a una conocida metáfora bíblica para graficar las fragilidades humanas frente a la grandeza del llamado.
Desde su ordenación, el Padre Juan Giordano ha desarrollado una intensa labor que incluye funciones de vicario parroquial, párroco, estudios de posgrado en Roma y formador en el seminario, desempeñándose además como Vicario General de la diócesis desde el año 2013.
Sin embargo, uno de los tramos más desafiantes y transformadores de su ministerio ha sido su reciente experiencia misionera en la Patagonia. Giordano relató su labor en el área de Vaca Muerta (en localidades como Añelo y Rincón de los Sauces), una región de crecimiento demográfico explosivo que padece una severa escasez de guías espirituales. El sacerdote advirtió sobre el tremendo desarraigo de miles de personas que llegan atraídas por los altos sueldos del petróleo pero terminan enfrentando flagelos sociales complejos como las adicciones, el juego y la prostitución.
«Añelo, el corazón de Vaca Muerta, hoy ronda los 50.000 habitantes y no cuenta con un sacerdote estable», alertó, poniendo en valor los 16 años de colaboración ininterrumpida que la diócesis de Río Cuarto mantiene con la región sur del país.
Frente a la notoria baja de vocaciones sacerdotales que vacía grandes estructuras tradicionales en provincias como Córdoba, Giordano defendió la importancia de conservar y cuidar los seminarios regionales. Recordó la inspiradora visión de Monseñor Buteler al fundar el seminario en 1943 bajo la premisa de que «porque hay seminario, hay vocaciones». El vicario reconoció que la proximidad geográfica del espacio de formación es clave: «Si me decían que me tenía que ir a Buenos Aires, no sé si hubiera dado el paso».
Finalmente, instó a toda la comunidad a participar de la ceremonia del próximo martes, aclarando que no lo vive como un homenaje personal, sino como una fiesta del pueblo de Dios para renovar el compromiso con la fe.
