Convención en La Carlota.
16 minutos de lectura
Por Ricardo Horacio Valle
Amigos lectores, comparto hoy este trabajo con el corazón puesto en la memoria y la esperanza.
Imaginar este diálogo entre cinco figuras que representan a millones, es mi humilde manera de homenajear a mi amigo Alberto Abecasis, quien me enseñó el valor sagrado del servicio a la comunidad a través de la buena política. Tito, un verdadero ejemplo del «último político humanista», un maestro y dirigente de La Carlota que hizo de la bondad, la ética, el coraje y la educación su bandera. Tal vez el desencadenante de esta acción mía haya sido el haberle visto en su despacho de intendente, antes de tomar una decisión, buscar inspiración en el cuadro de Arturo Illia que ocupaba un lugar central en su escritorio.
Bienvenidos a la histórica Casa Radical de La Carlota, pasen. Hoy nos convoca un encuentro imaginario sin precedentes, un puente entre el pasado y nuestro presente. En este recinto se reúnen cinco de las figuras más trascendentes de la Unión Cívica Radical, para debatir sobre la vigencia de su doctrina y los desafíos actuales de la República.
En este debate, cinco voces dialogarán para responder a una pregunta fundamental: ¿Cómo se aplican hoy los postulados históricos de la decencia pública, la defensa del patrimonio nacional y la solidaridad democrática frente a la crisis actual?.
Nos acompañan líderes que, en distintas épocas, forjaron un movimiento cívico basado en la ética, la libertad, el respeto a la Constitución y la justicia social:
Leandro N. Alem: El gran tribuno y fundador. Su voz representa el estallido de protesta frente a la inmoralidad del unicato en 1890. Viene a recordarnos su inclaudicable testamento político y la máxima que definió la intransigencia radical ante la opresión y el fraude: «¡que se rompa pero que no se doble!». Alem aparece con su inconfundible fuego e intransigencia, advirtiendo contra la «tibieza» y recordando que si el radicalismo no molesta al poder, pierde su razón de ser.
Hipólito Irigoyen: El arquitecto de la «Reparación nacional». Para él, el radicalismo nunca fue solo un partido político militante, sino un «apostolado» y una «religión redentora de moral política». Su lucha inclaudicable por el sufragio universal y secreto representó un verdadero principio de revolución social para devolverle al pueblo el ejercicio de su soberanía. Irigoyen aporta su visión mística y popular, recordando que el partido debe ser el escudo de los desposeídos y no encerrarse a ser un simple «club de debate»
Arturo Humberto Ilia: El paradigma del republicano ortodoxo, austero y de arraigada convicción democrática. Ilia nos trae su concepción de que «el arte de gobernar exige del gobernante prudencia y sabiduría». Durante su mandato, demostró que es posible gobernar con absoluto respeto por las libertades públicas, impulsando a la vez el desarrollo económico, la educación popular y una política exterior soberana y pacifista. Don Arturo impone su serenidad característica, defendiendo la «ley con rostro humano» y advirtiendo que la pérdida de la decencia pública es la pérdida de la Nación.
Raúl Alfonsín: El hombre de raza política que lideró el retorno definitivo a la democracia. Su visión nos advierte que «el fin jamás justifica los medios» y propone un proyecto basado en un trípode fundamental: una democracia participativa, la modernización del Estado y la ética de la solidaridad. Alfonsín sostiene que no puede haber verdadera modernización si esta se reduce a un eficientismo técnico y sacrifica el bienestar y la equidad social. Alfonsín defiende la democracia y el consenso, pero marca un límite claro: la libertad es una palabra vacía si el Estado no garantiza la igualdad de oportunidades, como que el hijo de un obrero llegue a la universidad
Eduardo Angeloz: Representante del radicalismo del interior y protagonista del «tiempo de la transición» y del «tiempo de los argentinos», quien aportará la mirada sobre la administración y las necesidades de una sociedad en proceso de cambio. Eduardo Angeloz suma el necesario cable a tierra de la gestión, aportando la visión del «federalismo productivo» para demostrar que la justicia social puede ir de la mano con una administración moderna
(Ricardo Valle- moderador): Nos encontramos reunidos en la histórica Casa Radical de La Carlota, un espacio que hoy se llena de historia y de un profundo sentido republicano para honrar la memoria de Alberto «Tito» Abecasis, aquel maestro y «último político humanista» que demostró que el servicio a la comunidad y la buena política son una misma cosa. En este «Comité de la Eternidad», las figuras fundamentales del radicalismo nos invitan a reflexionar sobre la vigencia de su doctrina.
Para abrir este diálogo que nos debemos, le cedemos la palabra al fundador del movimiento, el hombre que encendió la llama de la intransigencia ética frente a la inmoralidad del régimen. Con ustedes, don Leandro N. Alem.
(Leandro N. Alem): (Se pone de pie, su mirada enérgica recorre la sala y golpea suavemente con su mano un ejemplar de la Constitución sobre la mesa) «¡La tibieza, señores! ¡Ese es el cáncer que nos corroe! A lo largo de mi vida he luchado de una manera indecible, dando todo lo que humanamente se le puede exigir a un hombre por esta causa. Mi consigna fue siempre clara y definitiva frente a las claudicaciones: ¡que se rompa, pero que no se doble!. Sin embargo, hoy miro hacia este presente y veo a la Unión Cívica Radical mendigando espacios en coaliciones que, en el fondo, nos desprecian. Parece que el partido hubiera olvidado por completo que nacimos para ser la encarnación de la intransigencia ética. Se los digo con el peso de la historia: si el radicalismo hoy no incomoda ni molesta al poder de turno, es simplemente porque ya se ha convertido en parte de él. Yo entregué mi labor, mi memoria y mi sangre al juicio del pueblo, por cuya noble causa luché constantemente desde abajo. Y hoy les advierto a las nuevas generaciones, a quienes verdaderamente les pertenece este partido: no fuimos creados para la complacencia. Si hemos de entrar nuevamente en acción por el bien de la Patria, debe ser con la firmeza y la convicción inquebrantable que le dio origen a nuestro movimiento popular.»
Las palabras resonantes del gran tribuno dejan un eco de fuerte advertencia sobre la identidad y el rol actual del radicalismo frente a las alianzas de poder. A su lado, Raúl Alfonsín parece inquieto y dispuesto a responder a esta dura interpelación sobre la naturaleza de los consensos en tiempos democráticos.
(RV Moderador) ¿Le damos la palabra a Raúl Alfonsín para responder?
(RV Moderador): Excelente decisión. Demos entonces la palabra a Raúl Alfonsín, quien ha escuchado atentamente la vehemente advertencia del fundador del partido y se dispone a marcar la vital diferencia entre la claudicación que denuncia Alem y la construcción del consenso democrático.
(Raúl Alfonsín): (Con tono firme pero sereno, acomodándose en su silla y dirigiendo su mirada hacia Alem)
«No confunda generosidad con debilidad, don Leandro. Nosotros tuvimos que construir la democracia sobre verdaderas ruinas. Y en ese contexto, debemos recordar que la democracia aspira necesariamente a la coexistencia de las diversas clases, de las diversas ideologías y de las diferentes concepciones de la vida; es esencialmente pluralista. Pero reconozco y le doy la razón en algo fundamental: hoy se ha malinterpretado el consenso. El diálogo no es claudicación.
Lo que profundamente me duele del presente es ver a radicales que callan ante la crueldad en nombre de una supuesta ‘gobernabilidad’. Ese pragmatismo cínico que busca justificar los medios en función de los fines, implica admitir que se puede dañar o someter al hambre a otros seres humanos bajo la ilusión de triunfos futuros. Nosotros sabemos, por dolorosa experiencia histórica, que el fin jamás justifica los medios. Hoy nos enfrentamos a quienes nos exigen una modernización pensada pura y exclusivamente con criterios de eficientismo técnico, reduciendo costos y acrecentando ganancias para unos pocos. Pero nosotros concebimos las cosas de otra manera: proponemos una ética de la solidaridad. El Estado debe ser independiente; no puede subordinarse a poderes extranjeros, ni tampoco puede ser propiedad privada de los sectores económicamente poderosos. No se confundan, la democracia no es solo votar; es que el Estado garantice que el hijo del obrero llegue a la universidad. Si una modernización deja de lado las consecuencias que acarrea sobre los que trabajan y sobre los más vulnerables, es socialmente injusta. Sin igualdad de oportunidades, la libertad es una palabra vacía. A los radicales de hoy les pido que le devuelvan a la política su dimensión humana. Nuestro partido no debe diluirse, sino ser la fuerza aglutinante para construir una sociedad moderna, participativa y éticamente solidaria.
(RV Moderador): Las palabras de Alfonsín dejan flotando en la Casa Radical de La Carlota un mensaje contundente: no hay democracia real sin un Estado presente que garantice la equidad, un principio humanista, Alberto Abecasis encarnaba a la perfección en su trato cercano con los vecinos.
(R V Moderador ): «Gracias, Raúl, por recordarnos que la democracia y la modernización carecen de sentido si no están acompañadas de una ética de la solidaridad. Escuchándolos debatir sobre la decencia y el rol del Estado, no puedo evitar pensar en mi entrañable amigo Tito Abecasis. Él, siendo intendente aquí en La Carlota, caminaba las calles y resolvía los problemas de los vecinos, pero cuando tenía una duda en su despacho, siempre buscaba inspiración mirando el cuadro de un hombre que encarnó, como pocos, la austeridad y el respeto republicano. Por eso, me gustaría cederle la palabra a él. Don Arturo Illia, ¿cómo ve usted la situación actual frente a esta necesidad imperiosa de recuperar la ética, la prudencia y el respeto por la ley?»
(Arturo Illia): (Se acomoda los anteojos, asiente hacia Ricardo con una sonrisa serena y habla con un tono pausado pero firme)
«Agradezco sus palabras, Ricardo. Y me reconforta el alma saber que hombres cabales e intendentes humanistas como su amigo Tito hicieron de la decencia pública su bandera cotidiana.
Si observamos nuestro presente, coincido con las preocupaciones de Alem y Alfonsín. La democracia necesita perfeccionamiento, pero que quede bien establecido de una vez y para siempre: perfeccionamiento no es sustitución totalitaria. Observo hoy con preocupación a quienes creen que la política es un mero espectáculo. Debemos retornar a la razón; el arte de gobernar exige del gobernante prudencia y sabiduría, no la obligación de aparecer histriónicamente al frente de los sucesos.
El problema fundamental de nuestro tiempo es que hemos vaciado de contenido a la ley. El estado de derecho no debe ser solamente formal, sino sustancial. Un republicano ortodoxo sabe que no se puede gobernar cediendo ante los grupos económicamente poderosos ni olvidando el bienestar del hombre común. Nosotros demostramos que se puede hacer crecer al país, defender el patrimonio nacional y destinar el presupuesto a la educación y a los hospitales públicos, gobernando sin estado de sitio y con absoluto respeto por las libertades individuales.
Ricardo, a través suyo le digo a los argentinos de hoy: la ética social exige que el político sea coherente entre su vida privada y su actividad pública. Cuando perdemos esa brújula, extraviamos el rumbo de la Nación.»
(RV Moderador) Podemos invitar a Eduardo Angeloz para que responda o complemente esto aportando su visión sobre el «federalismo productivo» y los desafíos de la administración moderna. Eduardo Angeloz, ¿qué visión tiene sobre el federalismo productivo hoy?
(Eduardo Angeloz): (Se adelanta levemente en su silla, con un tono pragmático y gestos que denotan su experiencia en la gestión ejecutiva, dirigiéndose a ti y al resto de la mesa)
«Ricardo, recojo el guante y agradezco profundamente que traiga la realidad de la administración a esta mesa. Los escucho a don Leandro, a Hipólito, a Arturo y a Raúl, y coincido plenamente con los imperativos éticos que señalan, pero déjenme bajar esto a la realidad de quien tiene que gobernar. El ciudadano de hoy no solo quiere ética, quiere soluciones concretas. En nuestra experiencia, y como lo demostramos en Córdoba, se puede tener justicia social y a la vez contar con una gestión moderna. Mi mayor temor frente a los desafíos actuales es que nuestro partido se quede atrapado en el discurso romántico y no sepa cómo manejar la economía de este siglo. En los textos que han marcado mi pensamiento, como El tiempo de los Argentinos y El tiempo de la Transición, siempre he sostenido que la política debe ofrecer respuestas tangibles a una sociedad en proceso de cambio. Por eso, el aporte central del radicalismo hoy debe ser el federalismo productivo. Esto significa, ni más ni menos, que darle verdadero poder y herramientas a las provincias para que el Estado presente no se convierta en una carga paralizante, sino en un auténtico motor de desarrollo. Como bien señalaba Raúl hace un momento al hablar de la modernización del Estado, existe una relación inversamente proporcional entre centralización y participación; una gestión estatal muy concentrada termina manejando la cosa pública de espaldas al interior y sujeta a intereses corporativos. Descentralizar y apostar por un federalismo productivo significa bajar la administración a los niveles locales, liberando las fuerzas creadoras de nuestras provincias. Ese es el federalismo que el país nos demanda hoy: uno que no sacrifique a los trabajadores en nombre de un eficientismo técnico frío, sino que demuestre con eficacia administrativa que los postulados históricos de nuestro partido son la mejor herramienta para el crecimiento armónico de la República.»
(R V Moderador ): Las palabras de Eduardo Angeloz ponen el acento en la necesidad imperiosa de llevar los grandes valores a la gestión diaria, un puente entre el ideal y la realidad que Tito Abecasis supo construir magistralmente desde la intendencia.
(Arturo Illia): (Se pone de pie lentamente, con su habitual serenidad y mesura, acomodándose los anteojos. Dirige su mirada a los presentes y luego hacia el público). «El arte de gobernar exige del gobernante prudencia y sabiduría. Hoy nos encontramos en un momento delicado, donde esas virtudes parecen escasear y se confunde el perfeccionamiento de la democracia con atajos y sustituciones autoritarias. En este recinto no solo estamos los que tuvimos la responsabilidad de conducir la Nación, sino también hombres que desde sus pueblos han hecho de la decencia un culto cotidiano. Veo allí en la audiencia a nuestro querido Alberto Abecasis, escuchándonos con la humildad de los grandes servidores públicos, él que fue el paradigma del político humanista en su ciudad. Es el momento de hablarle a nuestra gente. Por eso, invito a los fundadores de nuestro movimiento, don Leandro y don Hipólito, a que iluminen a los correligionarios de toda la Nación en esta encrucijada. Le pido a Eduardo que le hable a los afiliados de Córdoba, invito a Alberto a que se dirija a sus vecinos de La Carlota, y a Raúl, que nos deje su mensaje final a todo el pueblo argentino.»
(Leandro N. Alem): (Se adelanta, apoyando ambas manos sobre la mesa, con el rostro surcado por la pasión y la vehemencia de sus convicciones). «¡A los correligionarios de toda la República! He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir a un hombre. Mi testamento político sigue vivo para reprocharle a los que hoy dudan o pactan. Mi consigna fue y será siempre: ¡Que se rompa, pero que no se doble!. Hoy, que el Partido Popular se prepara para entrar nuevamente en acción, les advierto que nuestra misión no admite claudicaciones. Esta causa pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra. ¡Deben consumarla!.»
(Hipólito Yrigoyen): (Con tono profundo y místico, como quien imparte una enseñanza sagrada). «A los afiliados de la Nación entera. Nunca olviden que nuestro movimiento no es una facción militante más, es un apostolado de moral política, el más eminente de nuestra historia cívica. En tiempos donde abundan las alianzas sin sustento, les advierto contra todo contubernio que desvíe nuestra redención. ¡Benditos sean los que piden transigencia en las actitudes personales; pero los que la piden en el orden de los principios, malditos serán para siempre!. No habrá poder humano que nos haga transigir con la deshonestidad y el vicio. Sigan forjando nuestra escuela de ética superior, porque la salvación de la República y la emancipación de la vida pública están únicamente libradas a nuestras energías reparadoras.»
(Eduardo Angeloz): (Con voz firme, acento marcado y ademanes de quien conoce la urgencia de la gestión). «A los afiliados de mi provincia de Córdoba. Nosotros somos herederos de una tradición que sabe que no basta con el discurso; el ciudadano nos exige realidades. Les pido que asuman que este es ‘El tiempo de los Argentinos’ y ‘El tiempo de la Transición’ hacia una sociedad más moderna. Demostremos, como lo hicimos siempre desde el interior, que podemos tener un Estado presente pero eficiente. Lleven como estandarte el federalismo productivo, dándole verdadero poder a nuestras intendencias para que sean el motor del crecimiento. Córdoba debe seguir siendo el faro que demuestre que los postulados radicales sirven para gobernar y transformar la economía sin perder la justicia social.»
(Alberto Abecasis): (Se levanta desde el público, visiblemente conmovido por tomar la palabra frente a sus próceres, con la calidez del maestro). «A mis queridos vecinos y afiliados de La Carlota. Escuchar a estos gigantes me confirma lo que siempre intenté llevar a la práctica en nuestra municipalidad. La política requiere bondad, sí, pero también el coraje inmenso para resistir la corrupción y pensar en el beneficio de la sociedad. Caminamos cada barrio revirtiendo los pronósticos, hicimos un plan estratégico, jerarquizamos la cultura, los espacios públicos y la vivienda de nuestra gente. Les pido que nunca pierdan el contacto humano. A quienes asuman funciones, si alguna vez sienten que la política los marea o les genera dudas, hagan lo que yo hacía en el despacho: miren el cuadro de don Arturo Illia y pregunten a su conciencia. Nuestro compromiso es el renacimiento humano desde la libertad; háganlo realidad cada día en La Carlota.»
(Raúl Alfonsín): (Cierra el encuentro poniéndose de pie, con esa cadencia inconfundible, dirigiendo su mirada más allá de las paredes del recinto). «A todo el pueblo argentino. Hoy vuelvo a convocarlos desde el sentimiento ético. Hay quienes nos quieren convencer de que la crueldad es necesaria y de que el fin justifica los medios. Pero someter al hambre a otros seres humanos bajo la ilusión de victorias económicas lejanas es la lógica de los pragmáticos cínicos; y les digo hoy: ¡El fin jamás justifica los medios!. El Estado argentino debe ser independiente: no puede subordinarse a poderes extranjeros, ni tampoco ser propiedad privada de los sectores económicamente poderosos. No se entreguen al odio ni al autoritarismo eficientista. La democracia es el único sistema que reconoce sus imperfecciones, pero nos permite buscar una sociedad moderna, participativa y éticamente solidaria. A los más jóvenes, a todos ustedes: sigan ideas, no sigan a hombres, porque en las ideas está la fuerza de los siglos. ¡Adelante, radicales! ¡Adelante, argentinos!, que tenemos una Nación que reconstruir desde la esperanza.»
(RV Moderador ) «Para dar cierre definitivo a este histórico ‘Comité de la Eternidad’, propongo que realicemos una votación simbólica. Pero no votaremos por un cargo o una candidatura, sino por un mandato. Pongo a consideración de esta mesa y de todos los presentes, incluido mi querido amigo Tito Abecasis, la siguiente moción: Reafirmar que la política no es el arte de lo posible, sino el compromiso sagrado del servicio a la comunidad, y que UCR debe seguir siendo, hoy y siempre, la herramienta más noble para alcanzar la libertad con igualdad y la justicia social». «Quienes estén por la afirmativa, sírvanse levantar la mano y expresar su voto».
(Leandro N. Alem): (Se pone de pie de un salto, levantando su mano derecha con el puño cerrado) «¡Mi voto es afirmativo! Y que quede sellado en el acta de la historia: votamos por la intransigencia ética frente a los que transigen con la inmoralidad. ¡Adelante los que quedan, y que se rompa, pero que no se doble!».
(Hipólito Yrigoyen): (Levanta la mano lentamente, con un gesto solemne y la mirada profunda) «Voto por la afirmativa. Voto por la Causa contra el Régimen, por la Reparación moral de la Patria y para que nuestro movimiento siga siendo, por encima de todo, el escudo protector de los desposeídos».
(Arturo Illia): (Alza su mano con serenidad, asintiendo con la cabeza) «Mi voto es afirmativo. Voto por el imperio de una ley con rostro humano y para que jamás olvidemos que la decencia pública y la austeridad son la única base sobre la cual se puede construir el progreso de la Nación».
(Eduardo Angeloz): (Levanta la mano con firmeza y pragmatismo) «Afirmativo. Y sumo a este compromiso la voluntad de gobernar. Voto para que esos ideales se traduzcan en un federalismo productivo y en un Estado moderno y eficiente que le dé respuestas concretas a la sociedad».
(Raúl Alfonsín): (Levanta la mano, sonriendo con esperanza) «¡Afirmativo, por supuesto! Voto por la democracia participativa y por la ética de la solidaridad. Y voto para dejarles un mandato a los jóvenes y a las futuras generaciones: sigan ideas, no sigan a hombres, porque en las ideas está la fuerza de los siglos».
(Alberto «Tito» Abecasis): (Desde la primera fila del público, levanta la mano emocionado, con la humildad del maestro) «Mi voto también es afirmativo. Voto por llevar todos estos inmensos ideales a la calle, al barrio, al trato diario con el vecino. Voto por el renacimiento humano desde la libertad».
(R V Moderador): (Golpeando simbólicamente la mesa) «Por unanimidad, queda aprobada la moción. El radicalismo renueva hoy, en la Casa Radical de La Carlota, su pacto histórico. A quienes creen que los valores se han rematado al mejor postor, hoy en esta convención de La Carlota quedó demostrado que el mandato ético sigue latiendo. La sesión queda levantada. ¡Adelante, argentinos!» Les invito a cantar, desde el corazón, nuestro Himno Nacional.!!

