La humanidad frente al avance de las tinieblas de la «productividad» sin alma.
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Por Ricardo Horacio Valle
Hace 30 años que cada mañana, antes de que el sol termine de entibiar la Punta del Sauce, repito las mismas palabras: “La Palabra es un don de Dios y se nos pedirá cuenta de ella…”. Hoy, esa cuenta me apremia. Hoy, el silencio no es una opción, porque hablar es cosa seria y lo que veo me obliga a pesar la realidad en una balanza que parece estar perdiendo su eje.
Este Viernes Santo, mientras la cristiandad se sumerge en el misterio del sacrificio supremo, en nuestra ciudad se ha decidido que ruede la pelota. El clásico Central-Ross, ese duelo que tanto nos apasiona, ha sido empujado a disputarse en el mismo día en que el Redentor entrega su Vida.
El Becerro y la Lanza
Pareciera que las tinieblas avanzan con una obviedad que asusta. Cuando el mundo debería recogerse en señal de respeto por Aquel que murió por nosotros, elegimos el estruendo, la rivalidad y el espectáculo. Es inevitable pensar que, al autorizar este encuentro, estamos ayudando al centurión a clavar la lanza un poco más profundo en su costado. Adoramos el «becerro» del entretenimiento y el negocio, negando, quizás sin darnos cuenta, el Amor Divino que se manifiesta en la Cruz.
En reparación de los presionados
Sé que mis palabras tendrán detractores. Sé que para muchos «es solo fútbol». Pero mi voz hoy quiere ser el refugio de aquellos que se ven involucrados por obligación:
El jugador que quisiera estar en el Vía Crucis con su familia, pero debe calzarse los botines por un contrato.
El dirigente que se ve presionado por calendarios que no entiende de fe.
El trabajador que debe dejar de lado el recogimiento para organizar un operativo de seguridad.
¿Hacia dónde caminamos?
Si no somos capaces de respetar el día más sagrado de nuestra fe, ¿qué nos queda? Por la Palabra nos revelamos y hoy me revelo ante esta afrenta. No es un ataque al deporte, que tanto bien hace, sino un llamado a la decencia espiritual.
En la radio, pesaremos estas palabras. No para juzgar personas, sino para reflexionar sobre esa «tiniebla» que avanza cuando decidimos que un clásico de fútbol es más importante que el silencio del Calvario.
Esta nota intenta un acto de reparación. Al ponerla en palabras, toman voz los que sienten que algo está mal, pero no se atreven a decirlo por temor a ser llamados «anticuados». Y expresa un deseo “Que en este Viernes Santo, La Palabra sea puente, que logre tocar la fibra de quien está apurado, de quien está enojado o de quien, simplemente, se olvidó de mirar la Cruz. Si logramos que una sola persona se detenga a reflexionar antes de que ruede la pelota, habremos inclinado la Balanza de la Dignidad hacia el lado correcto”.
