La Filosofía del Mate y el Libre Albedrío: Una ronda para redimir la política en la Punta del Sauce.
5 minutos de lectura
Por: Ricardo Horacio Valle
Si abordamos la actual realidad política argentina —y su reflejo exacto en las calles de nuestra ciudad— bajo la agudeza intelectual de Alvin Plantinga, uno de los filósofos contemporáneos más influyentes, nos encontramos ante un escenario propicio para aplicar su célebre Defensa del Libre Albedrío. Para Plantinga, el «problema del mal» en el mundo no refuta la existencia de un diseño superior, sino que demuestra una verdad incómoda: un mundo poblado por criaturas capaces de elegir libremente entre hacer el bien o el mal que es infinitamente más valioso que un mundo de autómatas.
El «mal político» que hoy nos asfixia —traducido en polarización extrema, descalificación del adversario y mezquindad legislativa— no es un destino ciego. Es el resultado de elecciones libres y soberanas de actores políticos que, haciendo un pésimo uso de su albedrío, deciden encastillarse en sus trincheras en lugar de cooperar.
Para salir de este laberinto, creer que podemos construir una comunidad unida no es un autoengaño irracional. En términos de Plantinga, es una creencia «propiamente básica», arraigada en el sentido común y en nuestra memoria colectiva. Y en nuestra patria, no existe herramienta más potente y racional para devolvernos a esa senda de cordura que el sacramento de la «filosofía matera».
El Sacramento de la Conversación: La yerba de la unión.
Como bien rescataba un texto difundido por Lalo Mir, el mate no es una simple bebida. Es una costumbre nacional que opera como el antídoto perfecto contra el aislamiento de las pantallas: «te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo».
Su verdadera magia radica en su capacidad para disolver fronteras ideológicas en una ronda silenciosa. Peronistas, radicales y libertarios ceban mate sin preguntar; es el espacio democrático por excelencia donde nos parecemos los unos a los otros, sin importar de qué lado de la grieta estemos. El mate es la Balanza de la Decencia hecha ritual: representa la solidaridad de aguantar unos mates lavados porque la charla es buena, el respeto sagrado por los turnos de la palabra y la actitud ética de encontrarse sin más pretensiones que compartir.
Esta mística coincide con la hermosa leyenda guaraní que Eduardo Galeano inmortalizó en Memoria del Fuego. Cuando la luna bajó a la tierra y fue salvada por un viejo labrador, esta le regaló un árbol desconocido cuyas hojas albergaban un secreto eterno: «la yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las gentes que no se conocen».
Si analizamos la política de La Carlota a través de este prisma, observamos cómo el libre albedrío de nuestros dirigentes ha sido malgastado en una gobernanza defensiva que prioriza el cálculo electoral por sobre la construcción colectiva.
La trinchera del Ejecutivo: La intendenta Natalia Bellón afirma con vehemencia que «los municipios cubren las falencias del Gobierno nacional» ante la parálisis de la obra pública, defendiendo que su único norte es «gestionar y hacer».
El contraataque libertario: Desde La Libertad Avanza, el Dr. Edgar Bertollo y Enzo Burgos exponen lo que consideran contradicciones en los elogios de Bellón al «cordobesismo». Recuerdan con justeza el financiamiento nacional de obras estratégicas como el Gasoducto La Carlota-Tío Pujio —obra a través de la cual la gestión pudo ver realizado el sueño de la residencia de ancianos, construida en su totalidad por la familia Midlin—. Además, denuncian la asfixiante tasa de Ingresos Brutos provincial del 4,75% y le exigen a la intendenta mirar la realidad local, resolviendo problemas históricos de bacheo e infraestructura.
La parálisis legislativa: El concejal de la UCR, Esteban Guarino, describe brillantemente el «síndrome de los 60 votos». Explica que el estrecho margen electoral de 2023 ha provocado que el oficialismo gobierne a la defensiva, bloqueando sistemáticamente aportes opositores al verlos como amenazas. El Concejo Deliberante se ha convertido en una «escribanía» donde proyectos vitales —como la necesaria reforma edilicia de la Terminal— son rechazados a carpeta cerrada, sin mediar debate.
La Propuesta: Una gran mateada por La Carlota
Para romper este círculo vicioso de desconfianza, es indispensable convocar a una gran juntada a tomar mate. Una mesa donde se sienten Natalia Bellón, Edgar Bertollo, Enzo Burgos, Esteban Guarino, Fabio Guaschino y Graciela Bisotto, junto a las fuerzas vivas de la ciudad.
¿Por qué el mate? Porque compartirlo exige respetar la ecología del tiempo y las reglas del ritual: vos hablás mientras el otro toma, y escuchás mientras te toca cebar. En esa mesa, mientras circula el termo, los dirigentes deben deponer la chicana y discutir políticas de Estado reales frente a la sociedad.
Es el momento de debatir con seriedad, por ejemplo, el ambicioso proyecto propuesto por Guarino para construir una Playa de Estacionamiento para Vehículos Pesados en los terrenos nacionales del exferrocarril. Un proyecto de esta envergadura —que requiere coordinar una concesión precaria con la AABE federal, la administración de una asociación civil de transportistas y el control municipal— es el ejemplo perfecto de cooperación. Cuidaría el asfalto de la ciudad, dinamizaría la economía agraria y brindaría seguridad a los trabajadores. Un proyecto así no puede ser rechazado por mezquindad; debe ser enriquecido por todos los bloques.
El antecedente de la concertación
Para comprender que esta filosofía de encuentro no es una utopía inalcanzable, basta apelar a nuestra memoria reciente. Cuando el Padre Jorge Luis Basso apenas llegó a La Carlota para asumir como párroco, no se quedó resguardado en la comodidad del templo. Ante la tragedia que nos golpeaba el alma como comunidad —la irreparable pérdida de jóvenes vidas a causa de accidentes de motocicleta y la desgarradora ola de suicidios—, el sacerdote cruzó la plaza y visitó el municipio. Su propuesta fue clara, profética y urgente: instó a que, a instancias de la intendencia como primera institución de la ciudad, se convocara de inmediato a una mesa amplia e inclusiva con todas las fuerzas vivas e instituciones locales. El Padre Basso entendió antes que nadie que el dolor de nuestra Punta del Sauce no se curaba con parches aislados ni con discursos de trinchera, sino sentándose a dialogar mediante la concertación para forjar verdaderas políticas públicas que abrazaran y protegieran a nuestros pibes. Él nos mostró que la redención social exige sentarse en la misma mesa.
Alvin Plantinga sostenía que la racionalidad se mide por su alineación con el diseño óptimo de nuestras facultades. En la Argentina de hoy, persistir en la confrontación es una patología de la voluntad. Es hora de volver a lo propiamente básico: sentarnos a conversar, aceptar el mate que nos ofrece el adversario y recordar que, en este rito sagrado, «gracias» solo se dice cuando ya no queremos más.
Y los carlotenses, para el bien de nuestra ciudad, todavía tenemos muchísimo para dar.
