De la alerta a la acción: El carisma mercedario se une para sanar la brecha invisible de las pantallas.
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Por: Ricardo Horacio Valle
La preocupación inicial que surgió tras el conversatorio impulsado por la Unión de Familias Mercedarias sobre el impacto de las pantallas ha encontrado una respuesta firme y estructurada en la conducción del Instituto Nuestra Madre de La Merced de nuestra Punta del Sauce. En una entrevista exclusiva concedida al programa «Sin Comentarios», la Madre Superiora, Hermana Zulema Hernández, y la docente Mónica de Suárez trazaron las líneas de continuidad de un plan de acompañamiento diseñado para cerrar la brecha invisible que la tecnología ha abierto en los hogares carlotenses.
La educación mercedaria ante los nuevos cautiverios
La Hermana Zulema enmarcó este desafío dentro del carisma mercedario de la redención. «Así como en el pasado el carisma buscaba liberar a los cautivos, hoy el colegio debe redimir la atención y el vínculo de las familias frente a las cadenas de la hiperestimulación digital». Para la Madre Superiora, la «Balanza de la Decencia» exige no prohibir, sino educar en el encuentro y la gratuidad del tiempo compartido.
Un plan de acompañamiento integral
Por su parte, la docente Mónica de Suárez detalló que la escuela no puede ser ajena a la realidad que la Lic. Nogués reveló: el mecanismo de adicción cerebral que generan las pantallas. «Los conversatorios no fueron un hecho aislado. Son el punto de partida de un plan de acompañamiento integral que busca cerrar la brecha entre lo que creemos que hacemos y el efecto real de la dopamina en el cerebro de nuestros hijos».
El plan mercedario incluye:
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Talleres prácticos para padres: Para brindar herramientas de autorregulación y límites.
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Acompañamiento docente: Integrando estas temáticas en el aula para educar en el don de la palabra sincera.
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Espacios de diálogo: Para que las familias compartan sus inquietudes y fortalezcan su rol educador.
Rumbo a los 90 años de redención educativa
A las puertas del 90° aniversario de la llegada de las hermanas mercedarias a La Carlota, la institución reafirma su compromiso de ser fortaleza, no solo contra los antiguos peligros, sino contra el aislamiento y la falta de vínculo que promueven los algoritmos. «Queremos que nuestros alumnos y sus familias se revelen por la palabra y no se queden atrapados en el silencio creativo de las pantallas», concluyó la docente Mónica de Suárez.
