Hicimos un Pacto.!!
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El 30 de octubre de 1988 no nació simplemente una emisora de frecuencia modulada; nació un pacto de lealtad entre la soledad de un pueblo y el coraje de una voz. Cuando aquel primer transmisor comenzó a pulsar en La Carlota y los cables tendidos a pulso desafiaron la gravedad sauceña, se inauguró un misterio que la física explica a medias: cómo una corriente eléctrica que viaja por el aire puede transformarse, al rozar un parlante, en consuelo, en fiesta, en abrigo y en memoria compartida.
La radio es, por definición ontológica, la victoria del espíritu sobre la distancia. En aquel domingo inaugural, encender el micrófono no fue un acto técnico; fue una declaración de fe. Significaba decirle a cada habitante de la Punta del Sauce, al puestero en la soledad del campo, a la madre en la cocina y al trabajador en el taller, que a partir de ese instante ya nadie estaría del todo solo. Había nacido una estrella para alumbrar las madrugadas, para celebrar las cosechas, para llorar las ausencias y para ponerle música y dignidad a los días comunes.
Mirar hacia atrás treinta y ocho años después es contemplar el río invisible de la vida. Por los micrófonos de FM Estrella pasaron épocas, crisis, mutaciones del mundo y revoluciones tecnológicas que prometían reemplazar la voz humana por algoritmos mudos. Sin embargo, la radio permaneció invicta. Permaneció porque no se sostiene en los fierros ni en las antenas, sino en la mística del encuentro humano. Una generación entera creció con este dial de fondo: niños que jugaban en el suelo escuchando las tandas hoy sintonizan el programa con sus propios hijos en brazos, y muchos de aquellos viejos sabios que nos escuchaban desde la galería hoy forman parte del eco eterno del viento en los sauces.
Treinta y ocho años de aire implican haber gastado la garganta en el noble oficio de la cercanía. Implican haber comprendido que el comunicador no es el dueño de la verdad, sino el custodio de las esperanzas de su gente. Cada vez que la luz roja del estudio se enciende, el tiempo profano se detiene y se entra en un tiempo sagrado: el tiempo de la palabra empeñada, del mate que acompaña la confidencia y del cabeceo invisible que invita a bailar a la audiencia con la alegría indomable de estar vivos.
Hoy no celebramos el paso mecánico de las hojas del almanaque. Celebramos la perseverancia del amor. Treinta y ocho años de FM Estrella son la prueba irrefutable de que cuando un sueño se riega con humildad, con respeto hacia la comunidad y con la nobleza de quien habla desde el corazón, las ondas no se apagan en el horizonte: se quedan a vivir para siempre en el pecho de la gente.
Gracias a cada oyente que, desde aquel 30 de octubre de 1988 hasta este bendito mediodía, extendió la mano hacia la perilla del receptor y nos abrió la puerta más sagrada del mundo: la de su propia casa.
