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La Carlota – Córdoba

Más allá del miedo y los algoritmos: Claves para una crianza digital con empatía, límites y presencia adulta.

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En un profundo diálogo con Ricardo Valle en el programa»Sin Comentarios» por FM Estrella, el psicólogo especialista en adolescencia Lic. Patricio Bonadeo desglosó los desafíos de la crianza en la era conectada. Desmintió las fórmulas milagrosas y los discursos publicitarios basados en la culpa, llamando a construir vínculos de confianza, dar el ejemplo como adultos y entender que la respuesta ante la tecnología debe ser comunitaria.
Por la redacción
En una época donde los dispositivos digitales irrumpen a edades cada vez más tempranas (con estadísticas que indican que cuatro de cada diez niños acceden a su primer smartphone antes de los nueve años), las familias suelen encontrarse atrapadas entre la incertidumbre, el temor a los peligros virtuales y la sobreoferta de kits o soluciones comerciales. Frente a este panorama, el periodista entrevistó en el programa Sin Comentarios (FM Estrella) al Lic. Patricio Bonadeo, psicólogo especialista en la atención de adolescentes y orientación familiar, para reflexionar sobre cómo educar y acompañar sin caer en la paranoia ni en el abandono.
Al analizar el abordaje mediático y las propuestas comerciales que apelan a guías o kits digitales, Bonadeo fue categórico al advertir sobre los riesgos de hablarle a los padres desde el temor. «Muchas veces los profesionales, en el afán de hacer publicidad o aumentar ventas, les hablamos a las familias desde el miedo, diciéndoles que sus hijos están en peligro o fomentando la culpa. Una familia asustada no siempre es una familia mejor preparada», afirmó el especialista.
El profesional remarcó que la verdadera prevención requiere información precisa, desarrollo de habilidades y, sobre todo, vínculos de confianza. Si bien reconoció que el material creado por profesionales capacitados puede tener cierta utilidad práctica, enfatizó que no existen «propiedades milagrosas» e instó a no demonizar la tecnología ni atribuirle toda la responsabilidad a los padres por un fenómeno de enorme complejidad.
Frente a la idea de que las redes sociales o los buscadores desplazan por completo a los padres, el psicólogo propuso una mirada integradora: las pantallas no son un mundo separado de la vida real, sino uno de los tantos espacios donde hoy los adolescentes se relacionan, aprenden y construyen su identidad.
«Las redes no están reemplazando la crianza; son un agente más de socialización junto con la familia, la escuela y los amigos. Lo fundamental es que los adultos nunca abandonemos la función de acompañamiento», sostuvo.
Respecto al dilema entre la supervisión y la intimidad, Bonadeo diferenció el cuidado del control obsesivo. Desaconsejó la revisión indiscriminada de las conversaciones privadas de los adolescentes, recordando que «la confianza no significa ausencia de límites, y los límites tampoco deben significar ausencia de confianza».
Entre los pilares para un uso saludable, destacó:
Interesarse genuinamente por su mundo digital: Preguntarles qué contenidos consumen, qué juegos les gustan y qué hacen en las redes sin juzgarlos de antemano.
Acuerdos familiares de desconexión: Definir momentos concretos del día libres de pantallas, como los almuerzos o las cenas.
Revisar el propio ejemplo adulto: Es incoherente exigir a los jóvenes que dejen el celular si los adultos interrumpen constantemente el diálogo familiar para atender notificaciones.
Postergar la entrega del celular: Existe un consenso científico absoluto en que mientras más tarde accedan los niños a los smartphones, mejor se favorece su concentración y desarrollo cognitivo.
Uno de los aportes más valiosos de la entrevista se centró en cómo vencer la barrera comunicacional con los adolescentes para evitar que se cierren. Bonadeo explicó que las preguntas rutinarias de los adultos suelen transformarse en un «interrogatorio diario» (¿qué hiciste?, ¿con quién estuviste?, ¿cuándo?), lo que genera una resistencia natural en los jóvenes.
Para transformar ese interrogatorio en un diálogo fluido, el especialista sugirió que los adultos tomen la iniciativa de contar aspectos personales: «Ocurre un cambio fundamental cuando el padre o la madre le cuenta primero a su hijo algo de su día, cómo le fue en el trabajo o cómo se sintió. Al compartir vivencias propias, se habilita al otro a abrirse sin sentirse auditado».
Al ser consultado sobre cuándo el uso de la tecnología se convierte en un problema clínico, el psicólogo indicó que hay que prestar atención cuando el teléfono interfiera de manera persistente en el sueño, el rendimiento escolar, las relaciones de pares o las actividades cotidianas.
No obstante, aclaró que la solución ante situaciones complejas (como el ciberbullying o el acoso online) no es el control punitivo, sino preparar a los jóvenes para tomar decisiones responsables cuando no están bajo la mirada adulta y construir vínculos saludables tanto dentro como fuera de internet.
Finalmente, Bonadeo hizo un llamado a no cargar toda la responsabilidad sobre las espaldas de las familias: «No podemos exigirle a un adolescente un autocontrol extraordinario frente a aplicaciones diseñadas por corporaciones que invierten millones para mantenerlos conectados, ni pedirle a los padres que resuelvan solos un problema que involucra responsabilidades empresariales, educativas y estatales». Abogó por una alfabetización digital obligatoria en las escuelas, políticas públicas de prevención y el recurso a guías gratuitas y confiables de organismos como UNICEF, concluyendo que la respuesta al desafío digital «siempre es comunitaria y se construye entre todos».

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